Del por qué no quiero ser princesa

Hay determinados productos para los que los creativos publicitarios tienen que devanarse los sesos si quieren ser diferentes y originales. Es el caso, por ejemplo, de los productos de limpieza, los detergentes y las compresas. Y hay que decir que rara vez lo consiguen.

Prueba de ello es el último anuncio de compresas Ausonia para las pérdidas de orina. Una mala alusión a la “revolución” de los 60 en EE.UU, con un improvisado Woodstock en medio de un desierto que recuerda las novelas de la Generación Beat y la mítica ruta 66.

Se entienden estás alusiones a los 60, dado que el público objetivo son mujeres entre 50 y 60 años, es decir, las jóvenes ¿y hippies? adolescentes de aquella época. Pero claro, en EE.UU., no en España.

La adaptación española tendría que haber puesto a una madura Marisol cantando “la vida es una tómbola y que suerte que me ha tocado Ausonia”.Porque en la España de los años 60, teníamos una dictadura desde hacía 20 años y que aún duraría 20 más, manteniéndonos al margen de cualquier tipo de revolución social y cultural que no fuera el Boom de los niños prodigio y las niñas de voz angelical.

Pero dudo mucho que Pepa Flores aceptara enarbolar la bandera de la revolución al grito de “Mujeres, Seguid siendo princesas” porque ¡¡¡Dios Miooooo!!! se han cargado de golpe todos los ideales de la revolución sexual, mayo del 68 y las reivindicaciones feministas, contradiciendo el propio discurso visual del anuncio.

¡Pero que tenían en la cabeza cuando hicieron este anuncio! Yo a estos señores les recomendaría la lectura de un sencillo artículo (más bien una noticia) que leí hace un año y que todavía conservo porque me pareció absolutamente genial.

Según este artículo, las princesas son mujeres pasivas que esperan la llegada de un príncipe azul que les solucione los problemas, para no tener que abrirse camino en la vida por ellas mismas.

Haberlas hailas, pero no creo que sea un modelo recomendable. Mucho menos si eso significa aguantar a un príncipe azul definido como “Casanova barriobajero” que “se rodea de mujeres hermosas para escoger a la más bella y no permite a su pareja bailar con nadie más en toda la noche.”

Me parece, por tanto, una barbaridad que en pleno siglo XXI alguien intente convencer a una mujer madura, con 60 años de historia a sus espaldas en un país tan machista como el nuestro, con la ñoña e insensata propuesta de “seguir siendo princesa”. Yo me quedo con Concha Velasco. ¿Y tú?