Publicidad

Cada vez que sale a relucir el tema de la publicidad, siempre hay alguien que aprovecha la coyuntura para atacarla de manipuladora y maquiavélica. Y es que, a simple vista, parece bastante claro y todo el mundo está de acuerdo.

Yo, en cambio, estoy cansada de este tipo de discursos y no los comparto en absoluto. Es cierto que la publicidad tiene como fin vender un producto y que para ello nos lo va a representar como el mejor entre sus competidores y la solución a todos nuestros problemas.

Sin embargo, la  publicidad es el único producto cultural que en su misma definición se atribuye el calificativo de “información persuasiva”. Desde el primer momento está diciéndonos a todos que su labor es persuadir, no se esconde, por lo que deja de ser manipuladora.

En cambio, los medios de información (diarios, telediarios, radio informativos…) se presentan como información objetiva y veraz, cuando en realidad, toda la información que nos presentan está totalmente condicionada por intereses económicos, ideológicos y personales (que a nadie se le olvide que los medios de comunicación son empresas dirigidas por personas y no hay personas ni empresas neutrales).

Por no hablar del cine o de las series de televisión. Disfrazadas de mero entretenimiento, encierran en sí mismas una serie de valores que van definiendo gota a gota nuestra cultura. ¿Por qué cuando hablamos de cine pasamos por alto este detalle?

Estoy segura de que a la publicidad se le puede acusar de muchas cosas excepto de manipuladora porque, aunque resulte paradójico, es la única que presenta sus intenciones de entrada y claramente.

Son, a mi juicio, mucho más peligrosos otros productos más simpáticos a ojos de las personas y menos claros en sus intenciones. Sinceramente, creo que la publicidad es cabeza de turco y que a muchos les viene muy bien que cargue ella solita todo el peso de la “manipulación” social.